Los días transcurren y a los acontecimientos y experiencias en el tiempo-espacio de mi cotidianidad, se suman las noticias abrumadoras de un mundo que parece haberse vuelto loco, aunque loco ya lo estaba. Las dinámicas y las estructuras que emergen del ego están desconectadas de la verdad profunda que somos y que conforma la realidad, por lo que se vuelven caóticas, desequilibradas y generan, dicho muy ampliamente, deshumanización, injusticia y sinsentido.
Y sucede que desde Radio Mairena me invitan, de nuevo, a realizar una entrevista. Me encantan esos encuentros y agradezco que me ofrezcan una plataforma desde donde poder expresarme y compartir.
Un interrogante me surge: – ¿sobre qué queréis que hable? -de lo que quieras- me responde Luis. Cuando siento lo que más emerge en estos días en mí, aflora nítidamente el tema de la esperanza, porque muchas personas allegadas y conocidas, a nivel íntimo y en redes, transmiten su desaliento y preocupación ante el escenario con el que nos bombardean una y otra vez cada día. Siempre me he preguntado si bajo el argumento de mantenernos informados repitiéndonos lo que sucede, no se esconde la intención clara de generar miedo y desesperanza.
¿Tiene sentido hoy la esperanza? Me adentro en la vivencia de esta pregunta y poco a poco se van cayendo capas de espejismos generados por verdades a medias y creencias con las que nos van adoctrinando desde muy pequeños, como por ejemplo que mantenerte con el corazón esperanzado es negar “la realidad”. Con este entrecomillado cuestiono a lo que comúnmente entendemos por realidad.
¿Cuál es la realidad, cuánto abarca? ¿Estamos al tanto de toda la realidad?
¿Qué hace que otorguemos más peso, más poder a lo que nos cuentan que a lo que vivimos? ¿Somos testigos de realidades que generan un mundo más humano, más justo?……
¿Desde donde estoy viviendo mi vida?, ¿Qué sentido otorgo a los acontecimientos que vivo?
Esto que sucede a nivel mundial ¿me despierta?, ¿activa en mí el deseo de sembrar el mundo que quiero que exista?
A través de las preguntas me deslizo hacia una verdad más profunda y permanente, amplia y abarcante, apasionante…. Y ella es la tierra fértil donde constato que siempre florece la esperanza.
Somos llamados a vivir desde ahí…en la superficie somos una casa construida sobre arena que se la lleva el viento. Enraizados en el fondo, somos una casa construida sobre roca, a la que ningún viento puede arrasar (Evg. Mat. 7, 24-27)……nuestra fuerza, nuestro poder lo recibimos desde lo que nos habita y trasciende.